LOS PRIMEROS TEBEOS EUROPEOS XIX
(Los primeros Tebeos)
por Demetrio Casado de Otaola
LOS CIGARROS DEL FARAÓN
© Casterman de las imágenes de Tintín.
■ Los cigarros del faraón (1932): Tintín, creado por el belga Hergé en 1929, ha llegado a ser uno de los personajes más relevantes de los tebeos. En 1932, después de tres exitosas aventuras publicadas de Tintín, Hergé prepara una cuarta. En Le Petit Vingtième, el suplemento semanal del periódico belga XXO Siècle, que publicaba por entregas las aventuras de Tintín, aparece una supuesta entrevista al personaje en la que anuncia que viajará a China. Las tres aventuras aparecidas hasta ese momento habían transcurrido en Europa, África y América. El próximo destino parecía decantarse pues por Asia. En la citada entrevista se bromea acerca del peligro que puede correr Milú, el perrito que acompaña siempre a Tintín, dadas las noticias que llegaban a Europa sobre los gustos culinarios chinos. Hergé era todavía un joven con ciertos prejuicios.
Viñeta de Tintín
en América suprimida en la versión coloreada posterior.
Ilustración aparecida en Le Petit Vingtième haciendo
referencia a lo comentado arriba.
En la entrevista Tintín también comenta que tiene intención de seguir un itinerario con los siguientes lugares de paso: Port Said, Suez, Bombay y Saigón. Deja caer además que puede que pase una temporada en la India. Hergé parece estar preparando el terreno para futuras aventuras. En principio esta cuarta aventura de Tintín llevaba por título Tintín en Oriente. Pero el título definitivo, Los cigarros del faraón, parece una declaración de intenciones. El título ya no es Tintín en tal sitio, como en las historias anteriores. Es un título que sugiere un misterio, más propio de una historia policiaca, de intriga y suspense. Las aventuras de Tintín serán a partir de ahora menos infantiles, con tramas más complejas... lo que denota la madurez e independencia (con respecto a sus editores) que Hergé va adquiriendo. En Le Petit Vingtième también se publica un bonito mapa dibujado por Hergé con el itinerario previsto para el viaje deTintín por Oriente.
Perdiendo los papeles.
La placidez del viaje pronto se ve truncada por la aparición de un egiptólogo que persigue un valioso papiro que el viento marino le ha arrebatado de las manos. La voluntad de ayudar de Tintín provoca, sin intención, un equívoco con un miembro de la tripulación que tiene como consecuencia la pérdida del documento y un ojo a la funerala del marinero (lo que sucede a menudo en los tebeos). A pesar de ser un retaco, más bien birria, Tintín es de armas tomar.
Los cigarros del faraón.
Popeye y Buz Sawywer.
Lucky Lucke y Tragapérrez.
En la versión posterior en color de Los cigarros del faraón, Hergé no consideró necesario que Tintín diese una paliza al marinero. En las versiones originales de las primeras historias de Tintín, éste iba bastante de sobrado por la vida.
Sabio en las nubes.
Al final el papiro no se pierde, el egiptólogo lo había confundido con una página de su diario. Hergé utiliza el arquetipo del sabio despistado para caracterizar al personaje. Lo hará otras veces con otros personajes científicos posteriores culminando esta caracterización con el personaje Profesor Tornasol, que además de despistado es muy sordo y dará mucho juego en las historias de Tintín.
Los cigarros del faraón.
Hay casos muy tempranos
de científicos despistados en los tebeos: El Sabio Cosinus (1893) del francés Cristhope y varios casos en las
historietas creadas por el primigenio suizo Töpffer (1799-1846).
La maldición del Faraón.
A raíz del encuentro con el despistado egiptólogo, Tintín se ve envuelto en la búsqueda de la tumba de un misterioso faraón. Todos sus predecesores en la búsqueda han desaparecido sin dejar rastro, como si fueran víctimas de una maldición del faraón. Se ha llegado a creer que las tumbas de los faraones estaban protegidas por maldiciones con la intención de desanimar a los saqueadores, lo que, en caso de que fuera cierto, no ha tenido ningún éxito. O quizá sí, en el caso de la tumba de Tutankamón. Pues tras su descubrimiento murieron varias personas que tuvieron relación con el hallazgo: en 1922. Lord Carnavon, financiador de la expedición, y siete miembros más del grupo murieron tras el hallazgo, aunque transcurrieron 12 años desde la muerte del primero al último fallecido. Hay mucho más de sensacionalismo que de maldición en todo esto, pero dio lugar a todo un subgénero de horror y misterio en cine, literatura y, por supuesto, tebeos. Lo que dio lugar a que la prensa inglesa hablase de una maldición. Hergé parece hacerse eco de esta circunstancia. Las maldiciones faraónicas se podría decir que han dado lugar a un subgénero narrativo.
La marca del Faraón.
En el pergamino de marras aparece el signo real del faraón Kih-Oskh, que se asemeja al símbolo chino del Ying y el Yang.
La marca del faraón rubrica también unos misteriosos mensajes que se muestran al lector en los que se dan instrucciones para conspirar contra Tintín. El misterio está servido. Allá donde vaya Tintín estorba a los que no siguen un camino recto, y éstos conspiran para deshacerse de él. Esto viene sucediendo desde la primera aventura del reportero. La policía política soviética en Tintín en El País de los Soviets y la banda de Al Capone en Tintín en El Congo y Tintín en América fueron quienes daban estas instrucciones, sin que se sepa de momento quién lo hace ahora.
Qué personajes.
Entran en juego nuevos personajes que enriquecerán el mundo de Tintín pues volverán a aparecer recurrentemente en las siguientes aventuras. El primero de ellos es un enemigo, Rastapopoulos, un millonario propietario de la compañía cinematográfica Cosmos Pictures (¿guiño a Universal Pictures?) del que ya se pudo ver un atisbo en Tintín en América. Se diría que el personaje recuerda al muchimillonario griego-argentino afincado en los EEUU Aristóteles Onassis. Aunque el personaje de Hergé parece ser estadounidense, su apellido no puede ser más griego y comparte con el magnate, que en 1932 ya había ganado su primer millón de dólares, la afición por los puros habanos
Otros dos personajes que pasarán a ser asiduos son los policias gemelos X33 y X33 bis, que luego serán conocidos como Dupont y Dipont, Hernández y Fernández en España. Tan sólo diferenciables por la leve disparidad en la comisura de sus bigotes. Esta duplicidad da lugar a muchas escenas cómicas, pero estos personajes puede que tengan que ver con el padre biológico de Hergé, de nombre Alexis, hermano gemelo de Léon. La madre de Hergé tuvo unas nupcias apresuradas con su vecino Phillippe Remi. Quizá se deba a esto la renuencia de Hergé a usar su nombre de bautismo George Remi y firmar en su lugar con el seudónimo formado por las iniciales en francés de su apellido y nombre. Así mismo puede explicar la orfandad de Tintín, a quien no se le conoce familia alguna, aunque esta es una circunstancia muy común en los aventureros de los tebeos, a los que una familia estorbaría en sus andanzas.
También se dice, con
toda la razón, que estos personajes pudieran inspirarse en una portada de Le
Miror del 2 de Marzo de 1919, en la que aparecen dos policías haciendo
una detención.
Charlot.
Los cigarros del faraón.
Tintín no da con sus compañeros, pero sí con los egiptólogos desaparecidos en la búsqueda de la tumba de Kih-Oskh. Todos ellos han sido momificados, que final tan apropiado para egiptólogos, y todo indica que ese va a ser también el destino de Tintín y Milú. Esta escena parece estar inspirada en el libro La Atlantida de Pierre Benoít que fue adaptada al cine por G. W. Pabst, con gran aceptación del público bruselense a finales de 1932.
El primer egiptólogo por la izquierda, Lord
Carnaval, tiene que ser una referencia a Lord Carnavon, mecenas de
la expedición que dio con la tumba de Tutankhamon.
Bruce Nelson.
Este tipo de secuencias
lisérgicas serán del gusto del autor y las repetirá en historias posteriores,
sobre todo para representar experiencias oníricas.
Misteriosas manos llevan a los inconscientes Tintín y Milú a los sarcófagos para ellos preparados. Por un despiste de última hora, las cajas mortuorias son confundidas con material de contrabando y son embarcadas en una nave que se adentra en el Mar Rojo. Tintín y Milú se salvan de chiripa de ser momificados. Reparando en la equivocación el Capitán manda arrojar las cajas mortuorias al proceloso mar sin molestase en abrirlos. Así Tintín despierta navegando en el Mar Rojo en un sarcófago. Como Ismael aferrado a un ataúd después de que Moby Dick echara a pique al Pequod. Aunque la escena de los sarcófagos flotando en el océano, podría encontrar su origen en la novela de Paul d'Ivoi et Chabrillat, Les Cinq sous de Lavarède. En la, más reciente, película Las Extraordinarias Aventuras de Adèle Blanc-Sec, El misterio de La Momia se da una situación parecida.
Tintín y Milú despiertan así navegando en estas peculiares embarcaciones de circunstancias en las que no tardarán en trabar contacto con los inevitables tiburones, que salen en todo tebeo de aventuras que se precie.

En el barco viaja
también otro personaje, el comerciante portugués Oliveira da Figueira, que
se volverá a ver en aventuras posteriores de Tintín, aumentando
así el elenco de secundarios de Tintín.
Tintín desembarca y se aventura por tierras árabes. Tierras casi siempre en conflicto, en las que los viajeros infieles no siempre son bienvenidos. Tanto es así que es hecho prisionero. Afortunadamente a Tintín le precede su fama y, una vez más, al igual que en Tintín en El Congo y Tintín en América, cuando se da a conocer, los enemigos se convierten en amigos.
Solventado el desencuentro inicial Tintín parte de nuevo, ahora a caballo gracias al generoso sheik. Aunque Tintín pretende montarlo por la derecha, lo que nunca se hace, y con el pie izquierdo en el estribo, de modo que quedaría montado al revés, cosa que sólo hacen los indios contrarios.
Debe ser cosa de dibujantes
belgas, pues Morris comete el mismo
error que Hergé en esta viñeta de Lucky
Lucke.
Este fallo quedaría solventado en la posterior versión en color. En esta tercera aventura de Tintín, Hergé todavía comete algunos deslices. No ocurrirá lo mismo en las siguientes historias.
Pretendiendo socorrer a
una dama en apuros Tintín malogra el rodaje de una película que recuerda mucho a El
Jeque de Rodolfo Valentino.
En la versión
redibujada y coloreada posterior al actor estrella se le ha querido ver, por
algunos, un parecido a Gary Cooper,
una estrella de más actualidad que Valentino
en ese momento. Otros ven el parecido con Kirk Douglas.
En cualquier caso lo de estropear el rodaje de una película pasa en las mejores familias, en La Famila Ulises por ejemplo.
El productor de la película no es otro que Rastapopoulos, que, a diferencia de en el primer encuentro, se muestra ahora afable y conciliador. El productor advierte a Tintín sobre el tráfico de armas que se está produciendo en la zona (Hergé introduce así otro tema de actualidad en la historia) y se pregunta si el barco que le rescató no estará implicado. Tintín promete averiguarlo. Vuelve a la nave y descubre en la bodega un cargamento de armas oculto, pero él también es descubierto y maniatado en la bodega minada del barco. Una situación sacada directamente del libro de memorias del ya mentado Henri de Monfreid, Les Secrets de la mer rouge, de 1931.
Tintín es abandonado a su suerte en el barco polvorín, donde es hallado por los policías gemelos que ahora lo acusan de traficante de armas, parece otra conspiración contra él. Logra también librarse de esta apurada situación recurriendo al socorrido truco de apagar la luz.
Los cigarros del faraón.
Hergé sigue empleando trucos y recursos gráficos típicos de los tebeos.
Los cigarros del faraón.
Varias voces claman en el desierto.
Siguiendo su viaje hacia
La Meca por el implacable desierto, Tintín
no puede dejar de verse en los apuros que depara este inhóspito medio, Anacleto
lo sabe bien, más teniendo en cuenta que se conspira contra él para
tratar de eliminarle por todos los medios.
Los cigarros del faraón.
En el desierto todos los beduinos son pardos y los policías gemelos, en su persecución implacable a Tintín, se confunden.
Los cigarros del faraón.
La confusión provoca una guerra tribal, cualquier excusa es buena para enzarzarse en un conflicto tribal árabe… Aunque aquí parece hacerse referencia más bien a las guerras árabes surgidas tras la I Guerra Mundial, al quedar las tribus libres de la dominación turca. En concreto Hergé se refiere a la guerra que enfrentó de 1924 a 1926 a Sharif Hussein ibn Ali, soberano de Hijaz, con Abdelaziz bin Saud, sultán de Nejd. Con el triunfo de éste, que dió como consecuencia la creación de Arabia Saudita en 1932, año en que Hergé inició Los cigarros del faraón.
Los cigarros del faraón.
Tintín que ha llegado a La Meca haciéndose pasar por árabe, cual si fuera un nuevo Lawrence de Arabia, se ve envuelto en el conflicto antes mencionado y es reclutado a la fuerza. En la versión redibujada y coloreada posterior La Meca es sustituida por la imaginaria ciudad de Yebecca, combinación de Yeddah y La Meca. Supongo que no era cuestión de buscarse problemas con El Islám.
Como recluta Tintín sufre la dura disciplina de su sargento chusquero. Se diría que Hergé recuerda sus tiempos de mili.
En la versión coloreada de 1955 Hergé tomó como modelo el uniforme de los soldados voluntarios de La Liga árabe que combatieron a Israel en 1945.
Soldados de la Liga Árabe (1945).

Los cigarros del faraón. Los
fusiles que dibuja Hergé en estas
viñetas son los Lee-Enfield de diseño británico.
Dices tú de mili.
A Tintín le cae un puro y le mandan a barrer el despacho del coronel, donde, hablando de puros, descubre una vitola con el signo del Faraón Kih-oshk, que da sentido al título de esta aventura, Los cigarros del faraón.
Los cigarros del faraón.
El Coronel sorprende a Tintín
husmeando, y se le condena a la muerte de los espías, el fusilamiento. Por
fortuna en los tebeos los condenados a muerte suelen encontrar aliados en el
proverbial último momento.
Qué no estaba muerto.
Tras un intento de fuga fallido, Tintín, con la ayuda de sus misteriosos benefactores consigue fingir su muerte y ponerse a salvo, gracias a artimañas muy propias de los tebeos.
Sus rescatadores no son otros que los policías gemelos que no quieren perder su presa. A pesar de todo, son descubiertos y se produce una tumultuosa persecución por las azoteas y callejas de La Meca digna de la película Casablanca, o de un anuncio de la colonia Patrichs, "para hombres que dejan huella".
En la nube.
Tintín logra escapar haciéndose además con un avión (Hergé debía de querer acelerar el viaje de Tintín). En la versión coloreada de 1955 parece que Hergé tomó como modelo el avión particular del, por entonces, rey de Arabia Saudita Faisal.
Un par de aviones salen en su persecución, que, de nuevo en la versión en color, son cazabombarderos británicos (algo anticuados, eso sí, los hijos dela Gran Bretaña debieron dar los saldos de su aviación). Hay que tener en cuenta que tras la desaparición del dominio turco, el Imperio Británico tuteló la zona hasta la creación de los estados árabes.
Bristol F.2B Fighter,
empleado en la II Guerra Mundial.
Tintín burla a sus perseguidores con una vieja estratagema de pilotos astutos.
Haciendo el indio en la India.
Se acaba el combustible y Tintín acaba estrellado en alguna selva hindú. En las selvas del mundo de los tebeos hay más aviones estrellados que árboles.
Los cigarros del faraón y Terror en la jungla.
Una trompeta suena.
Una vez aterrizado, Tintín
se las arregla para ser adoptado
por una manada de elefantes a quienes llega a controlar gracias a una
trompeta (Hergé todavía hacía muchas concesiones al lector infantil).
Los cigarros del faraón.
En la jungla Tintín se reencuentra con el egiptólogo perdido, que ahora ya no es que sea despistado, es que ha perdido por completo la razón, y vagabundea por la selva en calzoncillos, que, como casi siempre en los tebeos, son de lunares.
The Katzenjammer Kids.
Tintín consigue regresar a la civilización con su adoptado demente y es
acogido por una comunidad colonial británica. Hergé hace un retrato de ella que podría recordar a una novela de Agatha Christie o de Graham Greene.
El enloquecido egiptólogo trata de asesinar al reportero dándose cómic – as situaciones.
Esos ojitos negros.
El impulso homicida del
demente egiptólogo se debe a que se halla bajo el influjo de un faquir con
habilidades mesméricas. Los hipnotizadores han ejercido de villanos en la
ficción con frecuencia desde la aparición del
hipnotizador Svengali, el personaje de la novela Trilby escrita
en 1894 por George du
Maurier´s.
Svengali (fotograma de la película de 1931).
Tintín logra evitar que lo asesinen y averigua que el escritor húngaro, miembro de la comunidad extranjera que lo acogió tras salir de la jungla, está involucrado en la persecución que lleva sufriendo desde que comenzó su viaje. Justo cuando parece que va a conseguir más información (como suele pasar en las historias detectivescas) el escritor es alcanzado por un dardo disparado por el Fakir , con una cerbatana, impregnado de una sustancia que le hace perder la razón.
Los cigarros del faraón.
Alguien voló sobre el nido del cuco.
Tintín se ve ahora no con uno sino con dos locos y se los lleva a un manicomio, donde no falta quien se cree Napoleón.
Los cigarros del faraón.
Pero la conspiración
contra Tintín continúa y es el quien es tomado por loco y encerrado en
la institución, algo parecido a lo que sucede en la obra Alguien voló sobre el nido del
cuco.
El chacachá del tren.
Por descontado Tintín logra escapar y es objeto de una desenfrenada persecución llena de situaciones propias del cine, del slastic, en las que el ferrocarril es el contexto para su desarrollo. Se diría que Hergé tenía predilección por este medio de transporte, pues es protagonista en muchas de las historias de Tintín.
Los cigarros del Faraón.
¡Vaca sagrada!
En la India Hergé no puede dejar de caer en ciertos tópicos como el de las vacas sagradas.
Los cigarros del Faraón.
Continúa la persecución, Tintín quiere valerse de las recurrentes pieles de plátano para deshacerse de sus adversarios, pero resulta ser una jugarreta de ida y vuelta.
Los cigarros del Faraón.
El perrete de Tintín, Milú, también se ve en aprietos cuando se le quiere sacrificar a Siva, por su altercado con la vaca sagrada. En el último momento se salva gracias a la oportuna e interesada intervención de los policías gemelos.
Los cigarros del Faraón.
El salto del tigre.
Mientras tanto Tintín
se encuentra de nuevo en la selva donde da con el Maharadyah de Rawhaypotalah,
que anda por la jungla en elefante cazando tigres. Cosas rutinarias de marajás.
Y es casi obligado también que el
tigre ataque y el héroe salve el día enfrentándose al felino.
Los cigarros del Faraón.
El agradecido marajá
lleva a Tintín a su palacio. Ya cenando, escuchan una misteriosa melodía
de flauta que según cuenta el marajá es la que precede a una desgracia, pues es
la misma que se oyó momentos antes de que su padre y sus dos hermanos, que
combatían el tráfico de opio, se volvieran locos.
Los cigarros del Faraón.
“Entonces oí la musiquilla. Una especie de tirurí-ta-ta que alguien silbaba a mi espalda. Eso me dejó helado, y mis dedos pringosos con la sangre de Luis de la Cruz se crisparon en la empuñadura. Me volví muy despacio, alzando el acero; y, al hacerlo, éste relució brevemente ante mis ojos. Apoyada en el extremo del murete de piedra había una sombra que me era familiar: una silueta oscura envuelta en una capa y sombrero negro de anchas alas. Y, reconociéndola, supe que la trampa era mortal, y que también se había cerrado sobre mí.” (Limpieza de sangre, Arturo Pérez-Reverte)
La anterior experiencia de Tintín con locos y dardos le hace atar cabos y sospechar que el marajá y su familia son víctimas de una banda organizada de traficantes de drogas.
Los cigarros del faraón.
Si pensamos con palabras, seguramente recordemos con imágenes y sonidos.
El Faquir vuelve a las andadas y atenta contra el marajá valiéndose del viejo truco de la cuerda encantada.
Los cigarros del faráon.
A pesar de estar prevenido para atrapar al Faquir Tintín pierde su pista, hasta que encuentra un pasadizo secreto oculto en un árbol. Uno de tantos pasadizos que se pueden encontrar en las historias de misterio.
Los cigarros del faraón.
Tintín le hace la cobra a la cobra.
Una vez dentro Tintín se enfrenta a guardianes no humanos.
Esta situación (que es
frecuente en los tebeos), y otras muchas de las historias de Tintín, no pueden dejar de recordar a las películas de Indiana Jones, dirigidas
por Steven Spilberg, confeso
admirador de Hergé y su obra.
Sólo para socios.
Tintín se deshace de las cobras y sigue su camino, no sin tropiezos que solventa gracias a su precaución y a la suerte. Ha entrado en la sede de una sociedad secreta cuyos miembros ocultan su identidad con una vestimenta propia de una logia masónica, o de una hermandad de costaleros, con el símbolo del faraón Kih-Oskh. Hergé parece hacerse eco de la intriga y el recelo que suscitan en aquella época los masones (no fueron pocos los escándalos políticos y económicos relacionados con sociedades secretas que se dieron en Francia, y en España también), sus símbolos, sus ritos y ceremonias secretas celebradas en templos masónicos sólo accesibles para los miembros. Todo ello muy aprovechable en relatos de intriga. Tintín suplanta a un desprevenido miembro de la misteriosa sociedad.
Los cigarros del faraón.
Mona Street y Adèle Blanc-Sec también se cuelan en ceremonias secretas.
Como un impostor Tintín se introduce en una reunión de la sociedad, en la que se entera de que son los responsables de las conspiraciones en su contra. De pronto se descubre que hay un intruso en la reunión, los miembros deben identificarse sin mostrarse, por lo que resuelven hacer algo así como dar nombre de usuario y contraseña.
Los cigarros del faraón.
Tintín sale airoso del paso de nuevo con fortuna.
Los cigarros del faraón.
Tintín deja fuera de combate a los miembros de la sociedad secreta y procede a desenmascararlos. Surgen caras conocidas: El Faquir, un matrimonio británico perteneciente a la comunidad colonial que conoció cuando llegó a la India, el coronel árabe que le mandó fusilar, el consejero del Marajá… Se ve también a un personajes con rasgos japoneses que dan idea de la internacionalidad de la banda e introduce un adelanto de la siguiente aventura de Tintín, El Loto Azul, en la que el País del Sol Naciente tendrá mucha presencia
Tintin tiene a toda la banda menos a uno: El misterioso
jefe supremo. Además el Faquir logra escapar y pone una fuerte
carga explosiva con cuenta atrás de tres minutos que no dejará ni rastro de la
sede secreta ni de Tintín que ha quedado encerrado en ella. Un clímax muy propio
de las bases criminales secretas descubiertas.
Tintín se salva de nuevo gracias a una
escatológica intervención de Milú,
quien vuelve a ser providencial cuando el fugado Faquir introduce una
cobra en el dormitorio de nuestro joven reportero, una situación en la que se ha visto más de un héroe de acción.
“Diego Alatriste quería matar a aquel peligroso canalla, que tanto había amenazado su vida y la de sus amigos, y a quien dejar atrás vivo era tan suicida como tener una serpiente venenosa en el cuarto donde uno piensa echarse a dormir. (Limpieza de sangre, Arturo Pérez-Reverte)
Siguiendo con topicazos, Tintín se libra otra vez gracias a Milú y al incontenible impulso que, como todo el mundo sabe, tienen las cobras hindúes de bailar cuando les tocan las palmas, digo la flauta.
Los cigarros del faraón.
Curvas peligrosas.
El Fakir y el misterioso Jefe Supremo de la banda de traficantes de drogas siguen incordiando y secuestran al hijo del Marajá, lo que da lugar a una vertiginosa persecución en coche por tortuosas carreteras de montaña con cortados y precipicios, como las que se han podido ver en muchas películas.
Los cigarros del faraón.
También se produce otra situación vista en películas del oeste o de Harry El Sucio, cuando dos contendientes especulan con las balas que quedan en sus armas.
Tintín finalmente rescata al hijo del Marajá y captura al Faquir. El jefe supremo en cambio muere despeñado, aunque el cuerpo no es encontrado y su identidad no es revelada. Un final trágico y misterioso que deja cabos sueltos, a resolver quizá en futuras historias.
Los cigarros del faraón.
Esta
situación es frecuente en tebeos y novelas de acción y misterio, como
frecuente es que los villanos vuelvan de la muerte.
Los cigarros del faraón.
Desfilando que es gerundio.
La aventura llega a su fin. Esta vez no habrá regreso triunfal a Bruselas como en las aventuras anteriores, pues Tintín se queda en La India. Además las relaciones entre Hergé y Le Petit Vigtième se habían enrarecido. Hergé había llegado a un acuerdo con la editorial Casterman para publicar la recopilación de las entregas de Tintín en Oriente (luego Los cigarros del faraón) y parece que el semanario belga no se lo tomó bien y le estaba racaneando a Hergé sus antiguos privilegios. De modo que se acabaron las recreaciones del regreso de Tintín en la Estación del Norte de Bruselas, organizadas por Le Petit Vigtième de las aventuras previas. Sí hay un desfile con todo el boato del lujo oriental en el que no pueden faltar los elefantes.
Los cigarros del faraón.
Finalmente Tintín descubre la relación de los cigarroscom la vitola del signo del faraón Kih-Oskh con todo el embrollo del tráfico de opio. Los cigarros no son sino los receptáculos disimulados de la droga.
Como se ha dicho Casterman se ocupó de la recopilación de esta aventura de Tintín publicándola en álbum con varias versiones.
Como también se ha dicho, quedan algunos cabos sueltos en Los cigarros del faraón. Quedarán atados en la siguiente aventura de Tintín, El Loto Azul.
No se puede asegurar que en la elaboración de esta entrada se haya empleado inteligencia alguna, en ningún caso la artificial.
REFERENCIAS
• Patrick y Moliterni, Claude, Diccionario del Cómic,
Larousse, Barcelona 1996.
• Gravett, Paul, 1001 cómics que hay que leer antes de morir,
Grijalbo, Barcelona 2012.
• Goddin, Philippe El arte de Hergé volumen 1, Zendera Zariquiey,
Barcelona 2008.
• Hergé, Archivos Hergé, Juventud, Barcelona
1990.
• Hergé, Tintín en el País de los Soviets,
Juventud, Barcelona 1989.
• Hergé, Tintín en América, Juventud, Barcelona
1993.
• Hergé, Tintín en el País de los Soviets, Zephyrum ediciones, Barcelona 1989.
• Hergé, Las aventuras de Tintín reportero en Oriente Los cigarros del faraón, Juventud, Barcelona 1992.
• Hergé, Los cigarros del faraón, Juventud, Barcelona 1993.
• Srterckx, Pierre, Hergé y el arte, Juventud, Barcelona 2016.
• Castillo, Fernando, Tintín – Hergé, Una vida del siglo XX, fórcola, Madrid 2011.
• Castell, Bartomeu, De los soviets a los pícaros, Plan B publicaciones S.L. , Madrid 2022.
• Varios, Gran enciclopedia
Larousse, Planeta,
Barcelona 1977.
• es.tintin.com.
• wikipedia.









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